Cualquiera vaya a ser la resolución del denominado “conflicto Campo y Gobierno”, la Argentina y su gente habremos de seguir andando por el camino de los hechos y de las omisiones. Porque nuestro camino está abonado por unos y otras.
En esta oportunidad, y porque carecemos de la “bola mágica”, haremos caso omiso del cómo habrá de resolverse el tan mentado conflicto. Nos interesa el mañana no desde la futurología, sino desde la convicción que hay vida más allá y que deberemos resolver otras cuestiones más cotidianas, pero no por ello menos importantes.
Por ejemplo, nadie nos quita de la cabeza que hay una multitud de problemas a resolver vinculados con la logística, o menos presuntuosamente con los transportes, que convergen para sostener un humor social de los “mil demonios”, bronca, como suelen decir los porteños.
Nos consta que hay áreas de la administración central que se caracterizan por su morosidad e indefiniciones. Sostienen en su descargo que las cuestiones de infraestructura demandan otros plazos (¿cuáles?) de gestión y de ejecución, que allí hay que buscar las razones para entender el porqué de las demoras.
Vamos a darle (a las autoridades) el beneficio de la duda, vamos a creer por un momento que se están ejecutando (las obras); convengamos en todo caso que no están comunicando correctamente a la sociedad qué es lo que se hace y cómo se lo está haciendo, y cuándo se inaugurarán o cuándo podremos comenzar a usufructuarlas.
Ese error en la comunicación agobia y abruma, retacea credibilidad a los gobernantes y abona humores sociales discordantes. Pero lo peor de todo es que sobre esos errores los oportunistas de siempre montarán campañas que horadarán la verdad.
No tenemos el ánimo de ser apocalípticos pero tampoco podemos permanecer impávidos ante los desaciertos; quienes nos gobiernan han asumido frente a la sociedad la obligación de gestionar, de administrar la cosa pública, de hacer y deshacer en bien del interés general.
Por último, creemos que el “salto a la modernidad” habrá que darlo, sin ninguna duda, pero sobre bases más sólidas, más consistentes, por ejemplo, con la realidad ferroviaria que nos limita y circunscribe a ser un país incapaz de movilizar sus riquezas y a sus gentes en forma más eficiente. Esta es solo una muestra de los tantos compromisos que el Gobierno Central debe resolver.
Hasta la próxima
La Dirección