Y sí, ¿por qué no? Son momentos importantes los que vivimos, difíciles, poblados de verba altisonante, arengas inflamantes y supuestas verdades reveladas desde uno y otro lado del púlpito. Todos pontifican como si sus verdades fuesen únicas y hacen aflorar lo peor de cada uno de nosotros. Se suman al coro los oportunistas de siempre, porque no quieren dejar pasar la ocasión de ser protagonistas, breves e inocuos, casi etéreos; el aire es gratis en estos días en que todos tienen algo que decir, aunque no digan nada nuevo ni original.
Los duros términos de la pelea entre la dirigencia rural y el gobierno nacional muestran, no obstante, algunas cosas y ocultan otras muchas como, por ejemplo, que este enfrentamiento es de antiquísima data y se remonta a los albores mismos de nuestro nacimiento como nación. La antigua disyuntiva de producir materia prima y exportarla versus aquellos mismos bienes enviados al exterior pero con cierto grado de manufacturación parecía saldada, pero no fue así, no lo es.
La historia económica mundial guarda para nuestro aprendizaje innumerables ejemplos de cómo las naciones hoy desarrolladas privilegiaron sus procesos manufactureros por sobre los extractivos de materias primas. ¿Qué sabían estas naciones que ignoramos hoy en la Argentina?: que el valor agregado en la producción por lo general no está sujeto a la especulación financiera, es de orden genuino. ¿Y qué hay con los bienes primarios?: que están siempre sujetos a movimientos especulativos de distintos orígenes, aunque se hable de estas fluctuaciones como de las libertades de los mercados, de la oferta y la demanda, que jamás son tan transparentes como se pregona de ellas. ¿O nos dirán que hay racionalidad económica en el precio internacional de la soja o del petróleo?
La comercialización de los commodities se asienta en una premisa básica de la economía y es aquella que reza que el precio de un bien en el mercado depende su abundancia o escasez y, por supuesto, de su mayor o menor demanda. Este concepto no fue jamás soslayado por las naciones industrializadas que priorizaron para ellas las actividades de transformación de las materias primas, insumos para sus industrias que obtuvieron históricamente a bajísimos precios. Este ciclo fue recreado sostenidamente por siglos y dio a luz lo peor de la humanidad avasallando libertades de pueblos enteros, sometiéndolos incluso al exterminio.
Titulamos este editorial como “la suma de todas las contradicciones” porque en nuestra patria están a flor de piel y nos desgarran, nos dividen como sociedad y recrean viejas, muy antiguas controversias sobre el país que queremos, no sólo para nuestros hijos, también para nosotros.
Hasta la próxima
La Dirección