Pocas veces como ahora se aprecia que en materia de comercio exterior la cuestión logística es uno de los paradigmas que cierra el ciclo de la competitividad de un sistema. La Argentina tiene una situación geográfica distante de los principales mercados mundiales. El acceso a éstos pues, plantea un doble desafío: ser tanto más competitivo en la formulación de los precios de los bienes de exportación y, paralelamente, en la selección y negociación de las alternativas de transporte.
No es suficiente partir de la suposición de que los precios en origen de los bienes son efectivamente competitivos. El costo de las etapas previas al transporte internacional y las de éste mismo se suman conformando el precio final en los mercados de destino; de tal manera, la mayor o menor competitividad puede entenderse como la resultante de un sistema en el que las ineficiencias –en términos de costos– pueden degradar la rentabilidad de los productores hasta igualarla a cero.
En rueda de amigos y profesionales, y a manera de chanza, solemos sostener la metáfora de la necesidad de mudar a la Argentina hacia el hemisferio Norte, algo que nos permitiría disminuir distancias y bajar los costos de transporte. Como ello es absolutamente imposible, nos queda como alternativa incrementar el valor agregado a las exportaciones y así lograr una disminución en la incidencia de aquellos costos (los de transporte) sobre cada unidad de producto vendida al exterior; pero eso no es todo lo que puede hacerse. Vamos por un ejemplo: el productor de manufacturas de origen industrial conforma su precio de venta al exterior sumando a sus costos de producción los que devienen de su packaging, de los manipuleos, transportes internos, seguros, costos portuarios o aeroportuarios, comisiones de agentes, despachantes de aduana, retenciones, rentabilidad, etc. Si algunos de todos los que conforman la cadena de valor fuesen ineficientes en su gestión –bien podríamos suponer que también lo son en su costeo– obtendríamos como resultado un precio en origen no competitivo.
Primera conclusión: el exportador deberá disminuir sus pretensiones de rentabilidad para absorber los mayores costos provenientes de aquellas ineficiencias.
Segunda conclusión: la logística del comercio internacional es más que solo transporte e incluye actividades previas al embarque en las que la ineficiencia es costo puro; que juegue a favor o en contra es una decisión empresaria.
Tercera conclusión: con una planificación logística acertada pueden obtenerse ventajas competitivas.
¿Un dislate, un sueño, un chascarrillo? No, solo ideas para ir madurando. Otros ya lo hicieron.
Hasta la próxima
La Dirección