Revista Marítima

La fiesta fue de pocos, pero la resaca la sufrimos todos

En la letra chiquita de los medios masivos, en algunas cartas de lectores, en las palabras de los “no especialistas”, o sea en las de los comunes humanos, comienza a cobrar cuerpo la verdad más genuina, las expresiones de los saqueados por los especuladores financieros y sus instituciones rectoras.

Para que no se piense que la bronca anula nuestra racionalidad u objetividad, citamos un párrafo de una nota publicada en La Voz del Interior, de autoría del periodista Julio César Moreno: “... Pero ahora la crisis estalló en los Estados Unidos, lo que llevó al presidente George W. Bush a lanzar una gigantesca operación de “rescate” de bancos y fondos de inversión que implica –lisa y llanamente– un retorno a una fuerte intervención del Estado en la economía. Y lo mismo ocurrió en Europa, donde muchos países –como Gran Bretaña por ejemplo– nacionalizaron bancos y garantizaron la intangibilidad de los depósitos.”

El mundo de las finanzas, virtual por antonomasia, exigió e imploró el auxilio de los gobiernos de los países “centrales”. Y éstos concurrieron casi al unísono a proteger a los desprevenidos ahorristas, comprando bancos o estatizándolos. Las cifras han sido y serán astronómicas, fundamentalmente observadas desde cualquier país emergente y, si usted quiere, desde nuestra tantas veces vapuleada y vilipendiada Argentina.

Por si acaso no recuerda de quiénes hablamos, permítasenos citar un párrafo de una de las “Cartas” de lectores publicada en el matutino Crítica de la Argentina. Aquí va: “El periodismo argentino actuó en consecuencia: no se escucharon voces desconcertadas o iracundas denunciando el robo más grande de la historia, en todo caso invitaron a “especialistas” para opinar sobre la crisis y las medidas que debiera tomar el gobierno argentino para resistir. Ni una denuncia sobre las consecuencias que el salvataje tendrá sobre los obligados donantes del rescate. Ni una condena a los gobernantes del mundo. Son lo mismo.” (Estela Fuentes)

Seguramente no hará falta esforzarse demasiado para imaginar quiénes terminarán pagando la fiesta. Esta sí, es una verdad revelada.

Hasta la próxima
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