Por lo pronto, la crisis de los mercados financieros impacta sobre la economía real. La falta de confianza en los mercados puso en fuga enormes masas de capitales que en su búsqueda de seguridad, recalaron en títulos de deudas soberanas como una de las poquísimas opciones disponibles. Claro que, además, la gente simple –como uno– ante un panorama incierto asume conductas que tienden a preservar sus ahorros y disponibilidades; es natural entonces que se resienta el consumo, o la demanda de bienes si ud. prefiere.
Si trasladamos esta metodología de análisis al comercio internacional, concluiremos rápidamente en que habrá sectores en los cuales la crisis de los mercados de capitales golpeará con mayor fuerza, y menor en otros. También es cierto que los consumidores no adoptarán la misma conducta frente a los alimentos que frente a los artículos cuya demanda pueda postergarse en el tiempo. Pero el análisis de la conducta de los consumidores no es el objetivo de esta nota y sí en cambio sus consecuencias, más o menos inmediatas, en lo pertinente al comercio internacional y los servicios de transporte, servicios e infraestructura.
De la lectura de las noticias, publicadas en diferentes medios gráficos e Internet, puede inferirse que el futuro es muy complicado; veamos:
“Robert Zoellick, titular del organismo, aseguró que el mundo sufrirá una “impresionante retracción” a nivel comercial, la peor en los últimos 27 años y que impactará especialmente en los países emergentes. La caída del comercio y la disminución del crédito no serán las únicas consecuencias de la crisis, pues “el proceso de ajuste (que tendrán que hacer los gobiernos) significará reducción de empleos en muchos países”, vaticinó. “Enfrentamos desafíos históricos, pues ya pasamos por una crisis en los combustibles, una crisis de los alimentos y ahora estamos frente a una crisis financiera de proporciones globales”. Como editorializamos en nuestra edición anterior: “La fiesta fue de unos pocos, la resaca la sufrimos todos”.
Afortunadamente, el Banco Mundial es una de las instituciones financieras cuyo funcionamiento deberá ser reformulado; por lo menos así se expresó en la reciente cumbre de Washington del G-20.
La crisis financiera está golpeando fuerte y sus consecuencias se pueden observar en varios sectores de la economía, más allá de los mercados de capitales del mundo entero y el sector inmobiliario. Muchos dirigentes ya auguran una recesión en sus respectivos países, si es que ya no la están pasando. La pregunta es cuáles serán los efectos en la población en general y en la economía real en particular, y cuánto tardarán las economías en recuperarse.
En este sentido, el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (ILO, por sus siglas en inglés), Juan Somavia, advirtió que esta crisis llega en un momento precedido por altos precios de los combustibles y alimentos, y que de no ser abordada por acciones rápidas y coordinadas por parte de los gobiernos, la misma podría ser severa, global y duradera. “Nos hemos movido de una era de cambios a un cambio de era”, agregó. (*extractado de “En Contacto” N° 313, publicación de la CERA)
“Mientras la actual crisis golpea al sistema financiero mundial y repercute en las economías de los países desarrollados, la misma empieza a proyectar una sombra sobre el crecimiento de los países emergentes. En particular, en las economías de América del Sur y de nuestro país, se están analizando y adoptando medidas para reducir el impacto de una menor demanda internacional de los productos elaborados en la región y de los capitales externos, que ya no van a financiar su crecimiento”, sostuvieron desde la entidad.
“Los países del MERCOSUR están en una fase de crecimiento y generación de empleos”, declaró Lula en su programa semanal de radio “Café con el Presidente”. “Sabemos que la crisis financiera es grave, pero estamos en condiciones mejores para enfrentarla que los países ricos”. “Mi mensaje es que para enfrentar la crisis necesitamos más MERCOSUR, más exportaciones entre nuestros países”. “Sabemos que el sistema financiero internacional tiene que tener cierto control del estado, un sistema financiero no puede convertirse en un casino. Queremos que el sistema financiero invierta cada vez más para ayudar el desarrollo del país, en el crecimiento de la industria y de la agricultura”, subrayó.
“Somos todos keynesianos”, es la nueva frase que une a los líderes del mundo y la nueva propuesta de recortes globales de impuestos del primer ministro británico, Gordon Brown, es su primera demostración. Para poder salir de la fenomenal crisis económica mundial pero al mismo tiempo encontrar otro camino para un orden más justo, Brown va a proponer el sábado próximo, en la cumbre del G-20 -en Washington- un recorte global y coordinado de impuestos para poner el mundo nuevamente en marcha.
El paquete de estímulo de China es “la contribución más grande al mundo” que haya hecho el país asiático, dijo el lunes el primer ministro Wen Jiabao, mientras crecían las esperanzas de que los fuertes gastos en la construcción y en otros proyectos ayuden a respaldar el crecimiento global de la economía, al alentar la demanda de maquinaria importada y de materias primas, informó un cable de la agencia The Associated Press (AP).
El domingo, el gobierno de Beijing anunció un paquete de estímulo por cuatro billones de yuanes (586.000 millones de dólares estadounidenses), previo al viaje del presidente Hu Jintao a Washington, para la reunión de líderes de 20 países industrializados y de naciones emergentes, cuyo propósito es analizar una respuesta conjunta a la crisis financiera global.
El Premio Nobel apostó por la creación de un plan de rescate de los países emergentes y por la renuncia temporal de los EE.UU. al objetivo de contener el déficit público y la inflación. “Se va a necesitar muchísima coordinación a nivel mundial y eso no se va a conseguir este fin de semana”, y consideró que, por ello, no habrá “un acuerdo vinculante”.
“No vamos a sacar un compromiso de todos los países diciendo que están dispuestos a gastar el 3% del PIB para impulsar la economía, pero quizá sí una declaración de intenciones”, añadió Krugman durante una conferencia de prensa en Nueva York.
“Nos estamos centrando en la crisis de las economías ricas, pero también se va a necesitar un plan de rescate para los mercados emergentes”, defendió Krugman, quien destacó el poder de expansión geográfica de los problemas financieros actuales.
El economista agregó que “hace dos años nadie habría podido imaginar que los problemas en las viviendas de Florida iban a destrozar la economía de Islandia”, un derrumbe que a su juicio no tiene por qué estar directamente relacionado con el hecho de tener una divisa propia.
El columnista de The New York Times apuntó que otros países que forman parte del euro tienen dificultades, entre ellos España, que “está sufriendo un tremendo descalabro en su mercado inmobiliario”.
Sobre los Estados Unidos, afirmó que debe olvidar temporal-mente los objetivos de bajo déficit e inflación y apostar por el gasto público masivo.
“El rescate de entidades financieras en problemas y su recapitalización masiva en los EE.UU. o Reino Unido está funcionando y facilitando las condiciones crediticias de otros países”, aseguró. Sin embargo, señaló que “no es suficiente” y que “ahora es necesario preocuparse de arreglar el con- junto de la economía”. Para ello, propuso dedicar una “enorme cantidad de dinero -un mínimo de u$s 600.000 millones- a potenciar el gasto público y la asistencia a los más debilitados”.
Apostó por la inversión rápida y enérgica en infraestructuras, control del cambio climático e impulso de energías renova-bles, así como por la ampliación de las competencias del programa sanitario Medicare, a la espera de que se apruebe la legislación necesaria para impulsar un sistema de seguridad social universal. “Estamos yendo rápidamente hacia una recesión económica mundial” y el problema “aumenta cada día”, por lo que “hay que actuar rápido y no dejarse llevar por prejuicios convencionales sobre lo que es bueno o malo para la economía”.
En ese sentido, explicó que en “tiempos normales” se debe mantener controlado el déficit, pero “en este momento todo está del revés y ésa no debe ser la preocupación”, sino que se ha de invertir un mínimo del 4% del PIB en un gran plan de estímulo económico que ayude a controlar el desempleo, aunque aumente la deuda.
Si invirtiendo grandes cantidades se mantiene el empleo y se desincentiva el ahorro al que tienden los norteamericanos, se podría revitalizar la economía, aun a riesgo de elevar la inflación. En su opinión, el control del crecimiento de los precios es otro “prejuicio” que en situaciones normales es bueno, pero que ahora no debe primar, especialmente cuando los tipos de interés están tan bajos, lo que permitiría a la Reserva Federal elevarlos una vez que la economía hubiera recuperado su ritmo. Respecto al temor despertado entre algunos expertos a que de esta crisis resulte un nuevo sistema mucho más proteccionista, el premio Nobel sostuvo: “entre todos los miedos que yo tengo ahora mismo, ése desde luego está al final de la lista”.
Fuente: Agencia de noticias EFE.