por Carlos Canta Yoy - Mayo de 1998
Europa, cuna de la actual civilización predominante en el mundo, se ha desarrollado y ha crecido en la diversidad y aun en la oposición frontal, a veces con las armas en la mano, entre sus principales grupos de naciones. Germanos, latinos, escandinavos y eslavos con ser los núcleos étnicos más importantes y visibles, no han sido los únicos que han forjado la civilización europea y mundial de la actualidad.
Justamente ahora que todo parece promisorio, que el futuro sonríe en vista del cese de las confrontaciones, de lo cual el Euro (la moneda común) parece ser el resultado final, es que algunos agoreros (entre los cuales se encuentra quien escribe) se permiten dudar de tan bienaventurado porvenir. Es que como se dijo antes Europa es el único continente que ha crecido a base de las riñas y disputas entre sus componentes. Y para ello bastaría no ir más lejos que unos dos mil años, lo cual parece ya bastante.
Quizá la tradicional prudencia, o quizás desconfianza, inglesa acerca de todo lo que ocurre en el continente la haya mantenido al margen del euro. Las circunstancias actuales con baja del desempleo, aumento de la producción, crecimiento espectacular del Producto Bruto Interno, ausencia de enfrentamientos, por lo menos armados, en Europa Occidental, parecen augurar un desarrollo histórico de la nueva moneda.
Desde el 1º de enero de 1999 regirá una moneda única para las transacciones que no sean en efectivo, teniendo recién forma de billetes y monedas a partir del 1º de enero del 2002. Hasta el 31 de diciembre próximo se establecerá cuáles serán los países de la Unión Europea que adoptarán el sistema.
Desde el 1º de enero de 1999 y hasta el 31 de diciembre del 2001 irá perdiendo vigencia el actual ECU (Unidad de Cuenta Europea) pudiéndose utilizar el euro para operaciones que no sean en efectivo.
Desde el 1º de enero del 2002 y hasta el 30 de junio del mismo año se podrá adoptarlo como moneda de uso corriente. El 1º de julio del 2002 dejarán de circular los billetes y monedas nacionales.
Pero los países deberán cumplir con tres obligaciones básicas. La primera, mantener la estabilidad de las monedas nacionales respectivas con referencia al euro durante el período 1998-2002. La segunda, mantener controlada a la inflación nacional y no superar una diferencia mayor a 1,5 puntos respecto del promedio de los tres países con inflación más baja. Y la tercera, mantener las tasas de interés nacionales en un nivel que no supere en más de 2 puntos el promedio de los tres países con tasas más bajas.
Según el criterio más generalizado en Europa, éste es el mejor momento de cuarenta años de vigencia del Mercado Común Europeo de 1958 hasta la Unión Económica de 1998. El auge de la economía, que si bien no es parejo en todos los países miembros, sí lo es en general.
El optimismo que domina a los habitantes de los diferentes países es fundamental. Como toda moneda su fortaleza parte primeramente de su credibilidad. Y la gente está dispuesta a creer en el euro, fundamentalmente en los tres países principales de la Unión: Alemania, Francia e Italia. Las pautas fijadas en Maastritch hace poco más de seis años se han cumplido, no obstante el descrédito que imperó en algunos momentos de estos últimos años, se han reducido los déficits públicos a los niveles fijados de menos del tres por ciento del respectivo Producto Bruto Interno; se ha alcanzado la estabilidad entre las diferentes monedas nacionales y se han reducido los niveles inflacionarios. Pero principalmente se ha llevado a cabo el plan de Maastritch por el ejercicio de una fuerte voluntad política de los países asociados. Y todo a pesar de los diferentes signos ideológicos que imperan en los principales países: una coalición centro izquierdista en Italia, un gobierno socialista en Francia, un partido de centro derecha en España o una democracia cristiana en Alemania. Por encima de estos signos todos los gobiernos son en realidad muy parecidos en su accionar, lo que incluye al laborista Tony Blair en el Reino Unido, no obstante que este país no se ha asociado al euro.
Algo se anotó al principio sobre cierto solitario aire de pesimismo en algunos economistas. Pese a lo cual en general, el resto es muy optimista. Se piensa que en cinco años el euro podría estar a la par del dólar. Los cuatro países de la Unión Europea que no participan del esquema, por ahora, son como se dijo antes el Reino Unido, pero además Dinamarca y Suecia. Grecia no ingresa no porque no aspire a integrar el club sino porque sus cuentas nacionales no le permiten cumplir las pautas establecidas en Maastritch.
Hay quienes han llegado a especular que la no adhesión a la nueva moneda determinará que el Reino Unido ingrese en el NAFTA. Si bien en política internacional todo es posible, parece bastante improbable que ello suceda.
El hecho de que el MERCOSUR como conjunto tiene a Europa Occidental como primer socio (individualmente es el segundo para nuestro país) debería hacer que nuestros funcionarios fueran pensando en la posibilidad de pasar una parte de nuestras reservas a esa nueva moneda. La prometida estabilidad que conllevaría el euro puede ser un factor adicional para tal transición en alguna proporción de nuestras reservas. Claro está que hasta donde alcanza la vista el dólar seguirá siendo la moneda de reserva más fuerte.
El futuro del euro depende también de cómo se vayan resolviendo los encontronazos entre los dos principales países: Alemania y Francia. Ya disputaron ágriamente por la presidencia del Banco Central Europeo, donde todo se solucionó con el nombramiento de un holandés, pero en realidad fue un triunfo francés, dado que el Sr. Wim Duisenburg fue nombrado por un período de ocho años, pero ya anunció su retiro por razones de edad para el 2002, año en el que lo sucedería el director del Banco Central de Francia Jean Claude Trinchet (apellido desafortunado para el presidente de un banco dado que significa "tramposo").
Desde hace algunos meses se está difundiendo cada vez con más insistencia la necesidad de creación de una moneda común en el ámbito de los países del Mercosur.
Si se compara la situación actual de nuestras cuentas nacionales con las europeas, más vale ir pensando en otras cosas más viables y posibles. No parecen los países del Mercosur, en la actual etapa en que ni siquiera la unión aduanera se ha consolidado, estar en posición de aspirar a una moneda común. Es deseable como aspiración, aunque para un futuro todavía no previsible.
Teniendo a la vista lo sucedido en Europa, con las dificultades todavía existentes para implementar el régimen de moneda única, parece apropiado abrir un compás de espera por estos lares, hasta que se vayan cumpliendo las etapas todavía pendientes del Mercosur. Pero como solemos poner siempre el carro delante de los caballos, sería necesario recordar que el 17 de julio de 1987, en la Ciudad de Viedma (¿recuerdan que por ese entonces iba a ser la nueva capital del país?) y cuando apenas comenzaba a hablarse de un mercado común, los presidentes Alfonsín de la Argentina y Sarney del Brasil firmaron el Protocolo Nº 20 que decía lo siguiente:
"Considerando, La importancia de asegurar el fortalecimiento de las relaciones financieras y monetarias entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, contribuyendo al mismo tiempo a asegurar la estabilidad de los vínculos comerciales y la expansión, cuantitativa y cualitativa del comercio, en forma dinámica y equilibrada;
La influencia de las monedas de terceros países cuyo grado de disponibilidad escapa a la capacidad de decisión de los dos países sobre el nivel del intercambio bilateral; El objetivo latinoamericano de crear una unidad para cursar los pagos intrarregionales;
La necesidad de iniciar un proceso de creación de esa unidad monetaria común; La conveniencia de avanzar en el sistema vigente de financiamiento recíproco establecido en el Protocolo Nº 6 para el alcance del objetivo de una integración monetaria plena y duradera; Deciden
- Crear una unidad monetaria común denominada "Gaucho", expresando su valor en los términos que de común acuerdo determinen los bancos centrales de los dos países a ser emitida y respaldada con un fondo de reserva;
- Crear para tal fin un Fondo de Reservas Argentina Brasil, administrado por los respectivos bancos centrales;
- Determinar que los resultados de las compensaciones bilaterales realizadas en cada cuatrimestre puedan ser saldados con las unidades monetarias comunes hasta un límite de emisión acordado inicialmente en 200 millones de unidades monetarias;
- Determinar que cada banco central abra cuentas gráficas en sus libros destinadas a registrar el movimiento del Fondo de Reservas;
- Determinar que los respectivos bancos centrales establezcan antes del 30 de octubre de 1987 un acuerdo interbancario para la implementación de la unidad monetaria argentino brasileña (Gaucho).
Viedma, 17 de julio de 1987"
Y después algunos se ofenden cuando un visitante ilustre como Douglas North, premio Nobel de Economía 1993, se sonríe y realiza, según la prensa, "ácidos e irónicos comentarios sobre nuestra pretensión de crear ahora una moneda común en el Mercosur".
* El Sr. Carlos Canta Yoy es Director Ejecutivo del CENRA