Tenemos cercanamente en el tiempo la oportunidad de ejercer uno de los derechos fundamentales que nos otorga la democracia: el derecho a votar, en este caso, por las legislaturas nacional, provincial y municipal.
Tenemos también el derecho de escuchar las propuestas de los candidatos de los partidos, frentes o alianzas que se postulan para los cargos que, democráticamente, se han puesto en juego y que a partir del veredicto de las urnas habrán de asumir.
Sí, ochenta y cinco años produciendo información para los usuarios del transporte.
Durante este trayecto de la historia, comenzada en 1923, Revista Marítima fue testigo de muchos acontecimientos de distinta naturaleza: los hubo políticos, económicos, bélicos, etc. Todos impactaron en la sociedad argentina que, a pesar de las grandes distancias que la separan de Europa y los EE.UU., no fue inmune a ninguno de ellos, sino que por el contrario, los sufrió en carne propia y condicionó, incluso, su desarrollo como nación. Y ya en pleno despliegue del siglo XX, las distancias se redujeron velozmente: Europa, Asia y América están solo a instantes en lo que a información se refiere, y a horas para las cargas, como quien dice a tiro de escopeta, ahondando más fuertemente nuestra interdependencia con todo el mundo.
En la letra chiquita de los medios masivos, en algunas cartas de lectores, en las palabras de los “no especialistas”, o sea en las de los comunes humanos, comienza a cobrar cuerpo la verdad más genuina, las expresiones de los saqueados por los especuladores financieros y sus instituciones rectoras.
Pocas veces como ahora se aprecia que en materia de comercio exterior la cuestión logística es uno de los paradigmas que cierra el ciclo de la competitividad de un sistema.
La Argentina tiene una situación geográfica distante de los principales mercados mundiales. El acceso a éstos pues, plantea un doble desafío: ser tanto más competitivo en la formulación de los precios de los bienes de exportación y, paralelamente, en la selección y negociación de las alternativas de transporte.
A siete meses de haber comenzado el ejercicio de su gobierno, la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner transcurrió cuatro de ellos inmersa en una crisis sin antecedentes. Un récord odioso e impensado para un país que ostentaba parámetros de crecimiento económico absolutamente desacostumbrados para esta región del planeta.
Y sí, ¿por qué no? Son momentos importantes los que vivimos, difíciles, poblados de verba altisonante, arengas inflamantes y supuestas verdades reveladas desde uno y otro lado del púlpito. Todos pontifican como si sus verdades fuesen únicas y hacen aflorar lo peor de cada uno de nosotros. Se suman al coro los oportunistas de siempre, porque no quieren dejar pasar la ocasión de ser protagonistas, breves e inocuos, casi etéreos; el aire es gratis en estos días en que todos tienen algo que decir, aunque no digan nada nuevo ni original.
Cualquiera vaya a ser la resolución del denominado “conflicto Campo y Gobierno”, la Argentina y su gente habremos de seguir andando por el camino de los hechos y de las omisiones. Porque nuestro camino está abonado por unos y otras.
¿Y qué habrá de cierto en ello?. El ejercicio de la profesión (la de periodista) nos tiene acostumbrados a evaluar cada cuestión en profundidad, si lo hacemos seriamente por supuesto. Lo cierto es que, como se dice, la verdad es según el cristal con que se la mire.
Alguna vez en estas editoriales propusimos entender a la economía como una ciencia social, no exacta, toda vez que las políticas que se instrumentan a partir de ella tienen, irremediablemente, impacto en la sociedad.